Cuenta la leyenda, que a principios de siglo XXI, en el Centro Histórico de Cartagena existieron algunos bares de rock. Lugares pequeños, medio oscuros, con decoraciones muchas veces improvisadas, que albergaban a los amantes del género de las beterías, los bajos y las guitarras eléctricas. En aquella época, tanto como ahora, en Cartagena, los amantes del rock eran minoría, y además de ser pocos, su poder adquisitivo era bastante reducido; sus presupuestos para la rumba no superaban al de un estudiante de universidad pública.

Cartagena Bar Rock 3

Los dueños de estos bares se aventuraban a abrirlos a sabiendas de que eran negocios que sólo les generarían pérdidas, se trataba de establecimientos que no superaban el semestre de vida, por lo que sus aperturas resultaban ser actos heroicos. Quizá en esa labor quijotesca radicaba el encanto de estos lugares, al ser establecimientos que se abrían más que por ganas de hacer plata, por amor al rock, por amor a compartir el rock entre amigos al compás de unas cervezas y por un sentido de rebeldía que llevaba a los dueños de estos bares y a sus pequeñas clientelas, a intentar darle vida a espacios alternativos, en una ciudad en la que siempre han reinado otro tipo de gustos musicales.

En la actualidad, el Centro Histórico de Cartagena cuenta con varios espacios en los que es posible escuchar algo de rock, sin embargo, todos, más que bares, son en realidad restaurantes con música que, como dice el escritor Alan Pauls en su libro “Historia del llanto”, las ciudades han empezado a llamar, no sin jactancia, “pubs”. En estos pubs, que han sobrepoblado las ciudades del mundo, la música y en especial el rock, no es lo principal. En los pubs lo que la gente va es a charlar y a consumir comida y cerveza de mediocre calidad, sin prestar mayor atención a lo que suena en los parlantes. Ah, también se va allí a ver partidos de fútbol. Si bien en estos pubs se presenta música en vivo, casi siempre se trata de una banda de covers de pop-rock comercial, a la que a veces la clientela no presta atención, pues están más interesados en untar el próximo anillo de cebolla en la mostaza o de qué equipo de alguna recóndita liga de fútbol acaba de anotar un gol.

Complace recordar entonces que en Cartagena, alguna vez, existieran espacios para los que el rock era el motivo primordial. Lugares con selecciones musicales bien curadas, que iban más allá de lo comercial y en las que por ningún motivo figuraba una y otra vez “It´s my life” de Bon Jovi. Algunos de esos bares fueron Capuleto, Cuatro Vientos, Tayrona, Blanker Hans, de los cuales, a falta de registros de la época, les compartimos la fotografía de cómo luce hoy la fachada en la que alguna vez colgara el nombre de estos antros rockeros.

Estos bares, de los que queda tan poco rastro, seguramente viven en el recuerdo de esos pocos amantes del rock en Cartagena, que a principios de este siglo vibraron cantando a grito sus canciones favoritas, en estos recintos donde la música era más que un telón de fondo.

Aquí quedaba el bar

Cuatro vientos

Cartagena Bar Rock

Aquí quedaba el bar

Tayrona

Cartagena Bar Rock 4

Aquí quedaba el bar

Blanker Hans

Cartagena Bar Rock 3

Aquí quedaba el bar

Capuleto

Cartagena Bar Rock 2

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