Una de las producciones colombianas, en este caso, documental, que se pudieron apreciar en la pasada edición del FICCI, fue el más reciente trabajo del excelente director colombiano Rubén Mendoza (La sociedad del semáforo, Memorias del calavero y Tierra en la lengua). Mendoza es uno de los directores más queridos del FICCI, festival que ha visto y ha sido testigo de su desarrollo como cineasta.

La falda de la montaña

En esta ocasión, Mendoza presentó en el FICCI, Señorita María: La falda de la montaña, un documental ambientado en las montañas de Boavita, un pueblo campesino, conservador y católico, en el departamento de Boyacá. Allí vive la señorita María Luisa, una mujer de 44 años que, aunque nació siendo un hombre, desde hace muchos años se viste y se siente una mujer.

A María Luisa le tocó crecer en un ambiente muy fuerte y hostil, en un lugar apartado de las nuevas tendencias sociales de la civilización, basadas en la no discriminación por razones de género o identidad sexual, que aún en la ciudad son tan difícilmente aceptadas. En el transcurso del metraje somos espectadores de los fuertes y duros testimonios de la protagonista, que además de su condición, se refieren a las difusas historias de sus orígenes. La señorita María Luisa fue al parecer abandonada desde muy pequeña. Pero lo realmente desconcertante al ver y escuchar sus testimonios, es la inocencia, la pureza, la nostalgia, la tristeza, pero a la vez el humor con el que ella misma lo cuenta. Lo bello y lo puro, contrastado continuamente con lo feo y oscuro de la naturaleza humana.

La señorita María no es apática a las tradiciones, trabaja en el campo, y como única amiga tiene a una vecina mayor, que la ha acogido, le habla y le ha aceptado como es. Este hecho contrasta con una de las entrevistas a la vecina, donde ésta confiesa que habla con la señorita María y son amigas porque le da lástima. Parece que incluso en la única persona donde la protagonista deposita su afecto, aún encuentra algo de resistencia. Pero lo importante de la señorita María Luisa es que se aferra a lo positivo, a su vecina, a los animales y al entorno del campo, que le dan la fuerza y las energías para persistir, salir adelante cada día… y levantarse cada mañana. También es muy devota a la virgen María, y como a veces la religión tiene una función sanadora, le ayuda también a sentirse escuchada, querida, aceptada… así sea en sus oraciones, a pesar de las duras miradas de las otras personas del pueblo.

Se nota realmente la intimidad y el compromiso que Rubén logró con este bello personaje, lo cual se evidencia en su presentación oficial en el FICCI con todo en el elenco de la película en el Teatro Adolfo Mejía. Al terminar la proyección, Rubén, la Señorita María y todo el equipo, subieron al escenario y recibieron una gran ovación que duró varios minutos. La señorita María, sorprendida, miraba a todo el público, desde la platea hasta los altos palcos, que le aplaudían y le manifestaban su afecto. Fue uno de los momentos más hermosos de todo el FICCI y sin dudas, de las mejores producciones presentadas.

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Gracias Rubén, por seguir compartiendo tus películas con nosotros. Un hermoso y excelente documental, realizado con mucho amor y precisión. Aunque tiene una estructura clásica dentro del género documental, con el uso de entrevistas, Rubén intercala las palabras con bellas imágenes cotidianas de la vida del personaje que tienen un significado especial. Así mismo, con escenas independientes muy bien logradas, que demuestran el gran acercamiento que el director tuvo con la señorita María. El gran acierto del filme es rescatar a este bello y particular personaje, presentado con respeto, honestidad, amor, calidez y sin innecesarios maniqueísmos, tan usuales en estos casos. Rubén Mendoza sigue demostrando que es de los directores nacionales con más talento. La señorita María es una de las producciones imperdibles de este año.

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