En el pasado Hay Festival, el escritor Juan Gabriel Vázquez ofreció una charla denominada “El lugar de la novela”. Durante el evento, el autor de La forma de las ruinas y El ruido de las cosas al caer, adelantó un poco de lo que será su nuevo libro. Para su próxima entrega editorial, Juan Gabriel Vázquez dejará a un lado la ficción y se concentrará en descifrar e luminar los detalles más particulares de la novela, género al que él se refiere como un mapa capaz de conducir a la humanidad hacia el conocimiento de sus verdades más profundas.

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Antes de convertirse en una charla entre Juan Gabriel Vázquez y su entrevistadora, “El lugar de la novela” empezó como debía hacerlo una puesta en escena en la que se rendiría homenaje al género que inmortalizó a Miguel de Cervantes: con un monólogo. Vázquez, como si hablara consigo mismo y no ante una audiencia, iluminado apenas por una luz amarilla sobre su cabeza y rodeado por la oscuridad del Teatro Adolfo Mejía, fue dejando escapar sus nociones acerca del género que constituye su objeto de estudio y afecto. Así, se refirió a lo que define a la novela, su importancia histórica, sus conquistas y a las características que para él no sólo la apartan de otros géneros literarios y otras expresiones artísticas, sino que además la elevan por encima de todas ellas, al ser el portal más directo al entendimiento del ser humano.

Entre las conquistas de la novela, Juan Gabriel mencionó la invención del individuo. Para el autor, que los seres humanos empezaran a entenderse como criaturas singulares, importantes cada una con su cúmulo de cualidades y defectos, se debe en gran medida a la mirada que la novela posó sobre el individuo a partir de El Quijote. En esta última, comentó Vázquez, el individúo común empezó a protagonizar las historias, a diferencia de la tragedia griega, en las que se nos pedía ser testigos se situaciones de terror o lástima en la que los protagonistas eran dioses o reyes. A partir de novelas como El Quijote, para Juan Gabriel, el lector tuvo la oportunidad de identificarse con el protagonista, conocerlo por dentro, ser el protagonista. Esta mirada de El Quijote enfocada hacia el individuo y sus complejidades particulares, en palabras de Vázquez, constituye la antesala de logros políticos posteriores como la Declaración de los Derechos Humanos.

Juan Gabriel Vázquez

Juan Gabriel Vázquez – Foto: El Universal

Como una segunda conquista de la novela, Vázquez mencionó la Ironía. Para el autor, es partir de la novela que la humanidad se atreve a proponer, como decía Richard Ford, una discusión seria y desde muchos lados acerca de la naturaleza humana. Para Vázquez lo de “muchos lados” quiere decir que a partir de la novela, y en esto también menciona a Don Quijote como pionero, entendimos que la verdad y su contrario son igualmente válidos. Miguel de Cervantes presenta en El Quijote personajes multidimensionales, es decir, vistos desde muchos lados, lo cual consiste en dotarlos de carne y hueso, de humanidad. En Sancho Panza, por ejemplo, conviven la sabiduría y la humildad, en El Quijote, la locura y la magnanimidad. Se tiene entonces que a partir de la novela moderna, empezamos a ver y entender que el mundo es irónico, que la maldad y la bondad pueden convivir en un solo personaje sin contradecirse. Para Vázquez, a partir de la novela, suspendimos el juicio moral, porque en ella, más que juzgar, se nos pide entender. Citando a D.H. Lawrence, Vázquez concluyó este aparte mencionando que una novela son “doce opiniones diferentes sobre lo mismo, aceptadas todas dentro del mismo universo”.

En varias ocasiones durante el “El lugar de la novela”, Juan Gabriel se refirió a que ante el misterio del ser humano, es la novela el artefacto que más ha permitido explorarlo e iluminarlo. En sus palabras, la novela es una nave que permite penetrar en los territorios más oscuros de la humanidad, de los que no habríamos tenido conocimiento o la oportunidad de visitarlos si no fuera por la novela. Para Vázquez, gracias a En busca del tiempo perdido de Proust, pudimos explorar el misterio del pasado, gracias a El Ulises de Joyce, exploramos el misterio de la mente y del tiempo,  Cien años de Soledad abrió una puerta hacia la realidad latinoamericana que sin esa novela seguiría siendo un mapa en blanco.

La novela es una máquina irremplazable para entendernos, para acercarnos a la dimensión fascinante de quienes nos rodean.

Citando a Conrad, Vázquez mencionó que es la imaginación y no la invención la madre del arte, por lo que el escritor de novelas, más que fabular, pone en práctica su imaginación moral y, en esa medida, la novela nos ha entrenado para ponernos en los zapatos del otro, haciendo a un lado las abstracciones que nos separan, permitiendo el descubrimiento de terrenos concretos en los que podemos encontrarnos, como la dicha o la esperanza. Según Vázquez, la novela le ha permitido al ser humano analizarse científicamente, dejando en evidencia lo inconfesable, sacando a relucir lugares a los que la razón no puede llegar, lugares que constituyen la provincia de la novela y que sin ella no conoceríamos, lo cual empobrecería nuestro conocimiento.

Al ser cuestionado por su entrevistadora acerca de aquello que separa a la novela de otras expresiones artísticas, Vázquez respondió que la novela es una máquina irremplazable para entendernos, para acercarnos a la dimensión fascinante de quienes nos rodean. Citó a J. M. Coetzee, autor de Elizabeth Costello, para anotar que la novela permite entender al humano caso por caso, un destino a la vez, admirar la diversidad de la experiencia humana y al mismo tiempo reivindicarla, lo que inevitablemente conlleva a que la novela haya servido para educar en la empatía. Según Vázquez, la novela es como la caja negra de los aviones en la que queda registrado todo lo que luego permite entender qué pasó, un registro que se elabora desde lo desconocido y de la manera menos dogmática.

La novela pone un micrófono en la cabeza de los personajes para que sepamos de ellos lo más privado, lo más obsceno.

A la pregunta de la entrevistadora acerca la capacidad de otros géneros literarios como el teatro para lograr ese conocimiento profundo del ser humano, Vázquez respondió que la desventaja del teatro ante la novela es que aquel no puede ver a los personajes por dentro. Para Vázquez, lo más cerca que el teatro llega a estar de la novela es en los monólogos de Shakespeare. Anotó que a través de esos monólogos los espectadores pueden enterarse de las revelaciones de los personajes, sus descubrimientos acerca de ellos mismos, y que es allí cuando el teatro se acerca más a la novela. Afirma Vázquez que la novela pone un micrófono en la cabeza de los personajes para que sepamos de ellos lo más privado, lo más obsceno, lo cual no es posible en el teatro. Otra diferencia que advierte Vázquez entre ambos géneros es que la novela es por excelencia el género de la soledad y el silencio. Según Juan Gabriel, la voz del novelista no puede ocurrir en el teatro, es decir, esa voz que permite que aquello a lo que el lector se enfrenta en soledad y silencio, resulte una carta que considere dirigida exclusivamente para él, que le está interpretando, leyéndole, y eso no pasa en el teatro.

Durante la charla, Juan Gabriel compartió con el público el top 5 de sus novelas favoritas, explicando que se trata de aquellas que lo invitaron a convertirse en escritor: 1) Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. 2) El Ulises de James Joyce. 3) Los Demonios de Dostoyevski. 4) Ana Karenina de Tolstoi y 5) La obra de teatro Hamlet de Shakespeare y la pintura Las Meninas de Velázquez, las cuales, a su parecer y por su complejidad, merecen ser contados como novelas.

Concluyó el autor de El arte de la distorsión, refiriéndose a su próximo libro como “un canto de amor a la novela, un examen de su código genético, agarrarla como si fuera una rana muerta y analizarla con un bisturí”. Sin duda, la próxima aventura literaria de Juan Gabriel Vázquez llevará a sus lectores a un viaje al corazón de la novela, lo que tal y como pudo apreciarse en su charla en Hay Festival, será a la vez un viaje al corazón mismo del ser humano.

 

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