En su novela, “La perra”, Pilar Quintana crea un ambiente selvático y opresivo. Allí se desarrolla la historia de una mujer que nos hace pensar sobre la naturaleza humana y preguntarnos qué tanto sabemos de nosotros mismos. Su calidad literaria le hizo merecedora del IV Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana.  Cabeza de Gato conversó con la autora en el marco del Hay Festival Cartagena 2018.

Pilar-Quintana

Foto: El Diario Bogotano

Por: Julio César Márquez y Raúl Padrón Villafañe

Hiciste parte del manifiesto Colombia tiene escritoras ¿cómo fue la experiencia? ¿Sientes que se ganó algo?

Sí, creo que quedó claro que no estamos dispuestas a aceptar que haya eventos donde sean todos hombres y ninguna mujer. Y menos en un evento que se dice que es una representación de la literatura colombiana. Yo creo que la próxima vez que hagan un evento y vean en el cartel puros nombres masculinos, van a decir, si es que ya no lo están pensando naturalmente: “hay que meter mujeres porque, si no, se nos van a poner bravas otra vez”. Que por lo menos lo hagan por eso, si es que no son feministas y creen que hay que ser más inclusivos.

¿Crees que sigue existiendo esa idea de que el escritor hombre es universal y la escritora mujer es como muy particular?

Yo siento que se ha creído a lo largo de la historia que la literatura es hecha por hombres y se ha tratado de singularizar la literatura femenina y decir que hay una literatura que es la literatura femenina, que hay una literatura que es la literatura gay o una literatura hecha por los negros, ¿verdad? Y creo que esas etiquetas están llenas de prejuicios, porque lo que dicen es que la literatura solo la hacen los hombres y no es cierto.

¿De dónde nace tu ficción? ¿En qué te basas para escribir?

Hay escritores que se inventan todo, son muy imaginativos. Yo no soy ese tipo de narradora, yo soy muy apegada a la realidad. Ahora, no quiere decir que cuente la realidad, sino que la tergiverso y la moldeo hasta que ya no se parece a esa realidad original, pero sí parto de momentos que me pasaron, que me conmovieron, que les pasaron a otros y me impresionaron. Siempre parto de realidades muy cercanas para construir mi ficción. Lo mismo para construir personajes, mi base es siempre una persona de la realidad, pero no esa persona en particular, sino que le voy a poner el cuerpo de esta, pero esta característica de la mente de tal y la personalidad la voy armando como un Frankenstein.

En tu novela, la naturaleza aparece de una forma muy violenta. Esta selva que traga cosas, la lluvia, el mar también es muy violento. Damaris (la protagonista de La perra) también tiene un poco de eso. ¿Fue algo que construiste conscientemente desde el principio o fue algo que fue apareciendo a lo largo de la escritura de la novela?

Creo que fue algo muy deliberado porque esa fue mi experiencia cuando vivía allá. La naturaleza era maravillosa y bonita, había pajaritos de colores y unas mariposas azules hermosas, pero por la noche llovía durísimo y venía un torbellino y arrasaba con los árboles, y me despertaba al día siguiente y estaba la selva como un campo de fútbol. Era una madre bondadosa y horrible a la vez. Quería mostrar eso en el libro. No repetir la idea de que la pachamama y andamos descalzos y nos abrazamos a los árboles sino mostrar las dos caras.

A mí siempre me parece que la vida se desarrolla en condiciones climáticas. Siempre, en todos los eventos de la vida hace mucho calor o mucho frío o un clima agradable o lloviendo. Entonces me parece que al construir un relato, también en ese relato tiene que estar presente el clima, como lo está en la vida, para mí eso es fundamental. Y el clima me ayuda a construir la atmósfera del relato. Puedo hacer una escena de tensión tremenda con un sol terrible, o una escena de dolor con una lluvia violenta. Siempre tengo muy presente el clima.

En la novela de Giuseppe Caputo (Un mundo huerfano), el mar estaba siempre muy presente, se llevaba cosas y traía cosas, como una especie de Dios. En tu novela, el mar también está muy presente. ¿Cómo es tu relación con el mar? ¿Por qué está tan presente?

Amo nadar y amo nadar en el mar. El pacifico es un poco más frío que el caribe. Cuando mi exmarido irlandés se metió acá me dijo: “pero esto es como una tina”. Y el pacifico es un poquito más frío, pero es rico para estar, pero no es un mar, es un océano, mar abierto. Entonces es un mar mucho más violento, hay que tener mucho más cuidado, y conocer la corriente y la marea para poder nadar con seguridad porque en cualquier momento el mar te lleva y ya. Te moriste. Todas las temporadas, durante los nueve años que viví allá, se morían turistas porque el mar se los llevaba. A los nativos no. Conocíamos ese mar, conocíamos sus tiempos, sabíamos nadar en ese mar. Entonces era un mar al que había que tenerle respeto, no miedo sino respeto, allá todo el mundo decía: no miedo sino respeto. Creo que el mar Caribe es mucho más bondadoso.

Y creo que la novela es oscura. La novela va a terminar de un modo muy oscuro, es una novela gris, triste como el pacífico en invierno. Yo hubiera podido haber elegido hacer una novela del pacífico en el verano, donde el mar está quieto y azul, transparente, lindo, pero hubiera sido otra historia.

Puede ocurrir que los lectores crean que quien escribe una novela habla desde su propia experiencia, y hay una escena hacia el final de la novela, la muerte de la perra, que es muy dura. ¿Se te han acercado lectores a preguntar si eso ocurrió en verdad?

No, fíjate que no. Yo supongo que es porque la gente piensa: “Pilar no es capaz de hacer una cosa así”. Pero igual sí tuve que matar a una perra, pero no como ocurre en la novela, sino que ya estaba muy enferma y la tuve que sacrificar, y creo que todos los que hemos sido padres de mascotas nos ha pasado. Y eso me pasó en la selva con mi gata, que había criado, desde que era una bebé porque su madre había muerto envenenada. Yo la críe y al final tuve que sacrificarla en el veterinario porque tenía Leishmaniasis. Fue una experiencia tremendamente dolorosa y recuerdo que el veterinario nos dijo: “¿Y el cuerpo? ¿Qué van a hacer? ¿Lo dejan acá, y acá yo lo llevo… lo llevo al basurero”? Y no, es nuestra gata, y cargamos nuestra gata para enterrarla en nuestra propiedad. Eso fue algo muy doloroso.

Y algo que me paso, y esto no se lo he contado a nadie, es que para cuando estaba terminando la escritura de La perra, mi esposo tenía una perra de doce años de edad. Llevaba tres años conmigo, se enfermó, estaba muy viejita y tenía artrosis, no se podía parar y era muy doloroso verla así, y no tenía solución, ya no se iba a mejorar y tuvimos que sacrificarla. Entonces fue muy doloroso ver la muerte de la mascota al tiempo que iba escribiendo la muerte de la perra.

¿Cómo fue escribir sobre una mujer negra, pobre, del pacífico, con tantas cosas sin resolver en su vida?

Pues yo viví allá nueve años y tuve amigas muy cercanas que podrían ser Damaris (La protagonista de la novela), ¿verdad? Igual esa también podría ser mi vida, la vida de una niña toda estrato seis de Cali, creo que también podemos tener una vida dura, una vida de abandono, una vida en que nos pegaron de chiquitos, una vida difícil, creo que eso también a todos los habitantes de ciudad nos pasó. Yo me estuve debatiendo mucho tiempo quién debía ser el personaje del libro, hubiera sido mucho más honesto si yo hago una persona venida de la ciudad a vivir en la selva y construyo con ese personaje que era yo, que era más cercano a mí. Pero yo necesitaba que mi personaje no tuviera posibilidades, si era un personaje llegado de afuera, como yo, tiene la posibilidad de irse para donde su familia, ir a la EPS o incluso pagar la prepagada, tener un médico que le diga… tener más educación, además, haberse graduado del colegio, tener para, no sé, hacerse tratamientos de fertilidad. Si era una mujer del pacifico colombiano, nacida en ese lugar, no tenía más posibilidades. No tenía educación, no tenía dinero, no tenía familia lejos. Entonces, por necesidades de la historia, yo la hice una mujer negra del pacifico colombiano, y esto también determinó que mi narrador no podía ser una primera persona, yo no puedo darle voz, yo no soy negra, pero sí puedo ver a un personaje, una mujer negra del pacifico colombiano porque las vi, fui amiga de ellas, por eso hice un narrador externo, muy cercano, que la va acompañando, pero eso determinó muchísimas cosas de la historia.

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Virginia Woolf decía que una escritora, y quizás toda persona que escriba, necesitaba un cuarto propio para poder escribir porque es una ocupación solitaria. ¿Cómo hiciste tú para encontrar ese espacio propio cuando acababas de ser madre?

Tengo una magia que se llama la teta. La teta era maravillosa para todo. ¿Lloró?, teta. ¿Tiene hambre?, teta. ¿Tiene sueño?, teta. ¿Está bravo?, teta. Y todo se solucionaba. La teta me permitió un espacio, una habitación propia, me daba dos horas de trabajo seguidas. La teta me brindó un espacio maravilloso de escritura. Ahora es más difícil, pero mi hijo ya entró al jardín y ahora tengo un cuarto propio que se llama: el jardín párvulo. Yo creo que la escritura siempre encuentra un camino.

Nos llamó particularmente la atención una escena de la novela en la que Damaris se está masturbando. ¿Cómo resolviste que eso debía pasar? Ella se veía como una mujer que iba al brujo, que tenía mucho pudor con algunas cosas y nunca dio señales de hacer eso.

Yo tengo un amigo que también me dijo eso y yo me debatí y me debatí, ¿por qué le parece mal que se masturbe Damaris? Entonces le pregunté a otro amigo y me dijo: “¿por qué? ¿por qué no se va a masturbar? ¿no tiene deseos?”. Y claro, tiene deseos, y se fue el marido y puede pasarla rico con ella misma. El sexo con el marido ya era inexistente en ese momento. Entonces puede de vez en cuando quedarse sola, tirarse en la cama, pasarla bueno y masturbarse.

¿Fue la perra, el animal, la forma de contar algunas cosas sobre la maternidad que hubiera sido muy difícil con un niño, con un bebé?

Sí, tenía que ser una perra. También eso lo discutí con una amiga mía que es escritora, Mayra Santos, ella me dijo: es que la única razón por la que uno no mata a los hijos es que son seres humanos. Entonces a ella le parecía que era muy lógico el final de la perra y que la podía matar porque no era una persona. A mí me hubiera quedado muy difícil construir una historia de una madre que mata a su hijo, era otro personaje completamente diferente.

¿Nos puedes recomendar a tres autores o autoras que sería bueno que leyéramos más?

Mis favoritos son Tomás Gonzales, me encanta y me gusta “Primero estaba el mar”, pero me gusta mucho más “Temporal”, fue un referente para escribir La perra, además ha sido un gran maestro paisajístico. En crear paisajes, climas y atmósferas creo que es un gran maestro. “Los ejércitos” de Evelio Rosero, también me parece un clásico. Ese va a ser nuestro clásico de la guerra. Samanta Schwebling, “Distancia de rescate”, que me parece un libro perturbador y maravilloso. Y otro que se llama “Canción dulce” de Leila Slimani, que se ganó el premio Goncourt en 2016 y que es un libro sobre el otro lado de la maternidad.

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