La Directora denunció la presencia incómoda de trabajadores que, presuntamente, obedecían a quien consideraban la mano derecha de su máximo jefe. Pero aquel Diestro que la antecedió en el cargo, no tardó en enterrar sus acusaciones con labia. Le reclamó que saltara el supuesto paso de denunciar previamente en privado. En aquella intimidad en la que se suelen maquillar los asuntos.

La Directora

Con la cara lavada e imperfecta, la directora no supo cómo superarle el pulso al hábil Diestro. Muchos le apoyaron, pero prefirió que la botaran públicamente antes que aceptar la propuesta de fingir su renuncia. Y rechazó la carta que le insinuaron firmar por esto de haber abierto la boca.

El Diestro sigue allí, untado de poder, mientras ella empaca sus cosas. Y aparenta volar con dignidad.

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Buscaron con urgencia a la Doctora, como le dicen durante época de campaña. Querían deshacerse de un “asunto difícil”, cosa en la que finalmente cedió. Pudo haber volteado las cosas, pidiendo que investigaran a quien a su vez le solicitó que se encargara del “asunto”. Pero analizó que en la carrera por el poder pesa más tener contento a quien te alimenta. Y ceder de vez en cuando. Recordó todo lo que ha sacrificado en aquello de poner votos. En aquello de estar en donde está. Y no quiso arriesgar la dignidad a la que ha llegado. No por una mujer. Y mucho menos en víspera electoral.

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Dignidad. Eso exigen los candidatos a sus rivales cuando se enteran de sus rabos de paja. El típico discurso con el que seducen y manipulan al elector. La Directora, días después de su vuelo, hizo pública su intención de adherir a la campaña que contiende con aquella de la que vivió muchos años. Finalmente, como la Doctora, también pensó que en cierto modo llegó a donde llegó por esto de ayudar en las urnas. El mismo pensamiento que hoy tiene donde tiene al Diestro.

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Don Luis no cree en gente como el Diestro, la Doctora o la Directora. Acaba de verlos en la TV. Imaginó el sabor de la cosa pública como espectador del melodrama y la complicidad de los ungidos que se la disputan. Dio las gracias por su vida tranquila. Al menos no hace parte de los mismos que llevan años en curules o cargos, tramitando los mismos problemas públicos de antaño.  Se rehúsa a creerles.

 

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