El escritor mexicano Diego Alberdi se estrena en Cabeza de Gato con un relato en el que nos permite conocer un poco de la cultura de su país desde un evento cotidiano. La fiesta como el escenario para una posible reconciliación y la vida como un baile que cada quien decide qué tanto disfrutar.

Fiesta Mexicana

El Contento 

El mariachi despierta al pueblo. El contento va enfrente acompañado de la novia y sus dos hijos. Lleva su sombrero bien puesto y su camisa tinta de gala. Son las nueve de la mañana y la caravana ya huele a cerveza. La familia del Contento también los acompaña, van cargados con ollas de comida, varios litros de mole, muchos pollos y pavos, ollas de arroz blanco y rojo, frijoles de la olla y refritos, fideos secos y hasta escamoles y chapulines. Para quedar bien. Llevan también barriles de plástico hasta el tope con pulque. Todos bailan y disfrutan en el camino a casa del Ofendido.

 

El Ofendido 

El papá de la novia se levanta todavía ofendido tres años y dos nietos después, muy temprano, para asegurarse de que todo esté listo para la visita de su hija que tiempo antes se escapó con el Contento y hoy vuelve para pedir perdón. También en su casa hay ollas de mole que esperan en la estufa y su esposa, ofendida también, está desde temprano torteando con sus parientes kilos y kilos de masa para la comida. La casa permanece en silencio aunque las mesas ya están puestas con manteles largos y las sillas metálicas están envueltas en tela para mejorar la presentación, la rocola está ya conectada y espera a que el Ofendido decida encenderla.

 

La novia

Bien agarrada al Contento, la novia va nerviosa en el camino a la casa que la vio crecer. Con un brazo sobre el Contento y el otro sobre sus dos hijos, camina deprisa para visitar a la familia que les dio la espalda y hoy están a punto de volverlos a aceptar. La novia no canta ni toma, va muy seria y pensativa, la suegra trae un rosario y pide a dios que los acepten en casa del consuegro.

 

La familia del Contento y La familia del Ofendido.

 Los familiares van sonrientes y entonados con cerveza y mariachi y acompañan a la feliz pareja hasta la casa del Ofendido. Emperifollados en sus mejores galas caminan por el pueblo e invitan a la gente que se acerque a la procesión. Parece que mientras más sean, mejor.

En contubernio con la familia del Contento, los ofendidos conspiran desde semanas atrás para convencer al patriarca de perdonar a su hija. Ellos también están preparados para recibir la fiesta. Los abuelos llegaron desde ayer para ayudar y los tíos y primos desde las siete para que nadie los viera entrar.

 

Los gorrones

Cuando el mariachi los despierta y el olor a cerveza y comida recién hecha llega hasta sus casas, los gorrones salen corriendo para unirse a la procesión. Si llegan con la familia del Contento van a tener un buen lugar en la fiesta. Así, poco a poco, mientras la procesión camina por el pueblo, cada vez se hace más larga la fila. Algunos, los decentes, se unen, pero llevan sus aportaciones de comida, otros, los indecentes, llevan sus toperwers vacíos para salir de ahí con itacate.

 

La historia

Cuando el Contento se robó a la novia, ella tenía sólo dieciocho años. Su padre, se rasgó vestiduras y enterró moralmente a su hija, la menor, por deshonrarlo de esa manera y desde entonces está ofendido.

Ella estaba tan enamorada que se dejó robar por el Contento quien se la llevó a vivir con él y la embarazó rápido para que el Ofendido los perdonara pronto.

Las familias de ambos, después de que las cosas se enfriaran, empezaron a armar el alboroto para reunir al Ofendido con su hija y a los nietos con la familia. Pasaron tres años para que el padre de la novia robada aceptara ver a su hija y entonces los preparativos comenzaron.

Fiesta Mexicana 1

La caravana, el Contento, la casa y el Ofendido

El mariachi avisa al Ofendido que el Contento va a llegar. El primero se encierra en su cuarto porque se arrepiente de haber aceptado la reunión.

Dentro de la casa, la familia ofendida corre de lado a lado para intentar arreglar el problema. Las tías vociferan en las esquinas, los abuelos entran y salen del cuarto del Ofendido, la esposa llora e intenta darle buen fin al asunto.

Afuera, el mariachi no deja de tocar y todos esperan a que al Ofendido se le baje el enojo. Antes de que el mole se enfríe y la maza de tortilla se ponga dura, las familias pasan a escondidas las ollas al interior de la casa para empezar a calentarlas.

El ofendido no cede.

La Novia sigue nerviosa esperando a que la gran puerta de madera que la separa de su familia se abra.

El contento, en su papel, se hace el valiente.

El ofendido sigue sin ceder.

La Novia llora porque la puerta no se abre.

El contento abre otra caguama.

El Ofendido parece consentir, pero se vuelve a encerrar en su cuarto.

La novia sigue llorando.

El Contento sigue tomando.

El Ofendido no quiere ceder.

Las familias esperan pacientemente.

Los gorrones gritan y cantan desde afuera.

El mariachi sigue tocando.

La cerveza se sigue tomando.

El Ofendido cede.

 

La fiesta del contento

La puerta se abre primero lentamente y después de par en par. De adentro sale la Ofendida a recibir a su hija, se abrazan entre llantos a los que se agregan los nietos y el Contento. Entran todos abrazados seguidos por la música y la caravana.

En la casa, el Ofendido espera en la sala.

Las mesas se llenan de invitados y la rocola se enciende para dejar descansar al mariachi.

El Ofendido sigue ofendido cuando saluda a su hija y ve recelosamente al Contento.

Diez incómodos minutos pasan y todos se abrazan y lloran.

Ahora sí. La fiesta puede empezar.

La tradición se cumple, la fiesta dura casi dos días y todo el pueblo va y viene de ahí.

Todos quedan contentos hasta que años más tarde el Contento pasa a ser el Ofendido y la historia vuelve a comenzar.

 

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