El viernes 03 de Marzo de este año, durante la proyección de medianoche del Festival Internacional de Cine de Cartagena, tuvo lugar uno de los experimentos sociales más interesantes. La película argentina La Noche, opera prima en guion y dirección del hasta entonces actor Edgardo Castro, puso a muchos en una situación incómoda.

La película sigue la vida de un hombre maduro que vive sus noches cargadas de sexo, drogas y excesos. El film, que tiene escenas de sexo explícito, no se mide a la hora de jugar con eso. Los asistentes pudimos apreciar cómo el protagonista (que es el mismo director), chupaba penes y tetas por igual. Y justo ahí empezó el experimento.

En los primeros minutos, vemos al tipo haciéndole sexo oral a otro. Para entonces, el público ya estaba sumido en un silencio sospechoso. A pesar de que la sinopsis de la película es clara al respecto, la gente estaba sorprendida. Y comenzó el éxodo. Poco a poco, con el pasar de los minutos, el teatro Adolfo Mejía fue quedando vacío.

La noche Edgardo Castro 1

Sí, es que así funciona la sociedad. El sexo es un tema que aún hoy en día se toca por los bordes. Nos gusta hablar de él, teorizar sobre él, pero nunca verlo en pantalla gigante. Menos si es ese sexo enfermo que practican los homosexuales. Menos, cuando una mujer Trans sale desnuda, mostrando sus tetas y su pene, poniendo en choque nuestras ideas acerca de cómo deben ser los cuerpos.

El título de la película es el adecuado. Pues, solo la noche puede dar abrigo a lo que ocurre en ella. Los que viven al margen y quienes juegan a ser parte del orden establecido, recurren a la noche para dar rienda suelta a sus fantasías y a su sexualidad. A una búsqueda de ternura y compañía. Por eso, el film sigue esas rutinas de encuentros casuales, de droga abundante, y de prácticas sexuales no convencionales: dos hombres y una trans, por ejemplo.

La noche Edgardo Castro

Al final, lo que vemos, es una escena tierna y dolorosa. El protagonista y la chica trans sentados en una mesa conversan. Él con una melancolía propia de quien aún no ha encontrado lo que busca y ella con el afán de quien espera a un cliente. El tipo le entrega unos zapatos de regalo, ella los recibe emocionada. Y ahí, se crea una atmosfera de amor, fragilidad, complicidad, que vemos a través de una ventana. Como si nos contaran que esxs dos sujetxs se toman de la mano, para decirse, que es posible amar en medio de sus historias nocturnas. Y que, en realidad, no están tan solos.

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Pero muchos asistentes se perdieron esa escena. La gente no esperó el final. Me pregunto qué habrá ocurrido. Las dos horas y más de la película eran un reto, sobre todo cuando la proyección era a la medianoche, pero mi apuesta va por el contenido. Y me lo confirma un comentario que leí en Facebook. Comentario que da cuenta de cómo la heterosexualidad se siente amenazada con este tipo de historias que muestran sin ningún filtro realidades cercanas a nosotros. La heterosexualidad que se supone en riesgo porque no sabe si los asistentes que lo rodean tenían alguna orientación sexual distinta a ellos. La heterosexualidad que no soporta ver cuerpos abyectos desnudos chupándose entre ellos.

Por eso el cine es tan importante, porque nos muestra, cuando más lo necesitamos, que hasta los más solidarios con las luchas de las minorías tienen su punto de quiebre. Y para eso, lo mejor, es desnudar los cuerpos, liberar las mentes. Y es que la ficción permite que le entreguemos al otro incluso lo que no quiere ver, para que abra su horizonte, y se entere de que más allá de sus inseguridades, el mundo se narra desde todas las aristas.

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