Al entrar a Facebook, con lo primero que uno se topa son estados cargados de indignación y lamento. Se ha convertido en una moda bastante popular la expresión de todo tipo de emociones a través de las redes sociales, ya sea por un acontecimiento nacional o internacional, por un partido de fútbol o un reinado, por el gobierno de x o y, por el aumento de los impuestos, etc.

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Las redes sociales se han transformado en el atril de miles de jueces, la gran mayoría dedicados a lanzar opiniones carentes de fundamento, lo que no les impide considerarse así mismos especialistas en todas las materias; los hay desde politólogos hasta gurúes de belleza, defendiendo sus posiciones, iniciando más de una batalla de comentarios con otros usuarios.

Si las redes son el escenario para debatir nuestras opiniones acerca del devenir de la sociedad, no es el caso. El punto es qué tan informados estamos para opinar, y si la verdadera solución a los problemas que debatimos está detrás de una pantalla o si sólo estamos generando interacciones por reconocimiento y aceptación en las redes o por seguir una tendencia. Por ejemplo, son muchos los que han colgado en sus redes sociales banderas de Francia, Bélgica, entre otros países que han sufrido atentados terroristas en el último año, o han hecho parte de tendencias con hashtags como #TodossomosOrlando. Sin embargo, ¿cuántos de estos mismos usuarios son conocedores de las problemáticas sociales de estos países o de las causales detrás de estos acontecimientos atroces?

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Es más, no me equivoco al afirmar que muchos de estos mismos usuarios desconocen las problemáticas de su propio país; si las conociéramos, los colombianos pasaríamos las 24 horas del día y los 7 días de la semana, con la bandera de Colombia en nuestros perfiles, pues hay bastante de que preocuparnos. Por ejemplo, el caso de Claudia Johanna Rodríguez, víctima de otro feminicidio que se suma a las estadísticas de violencia contra la mujer en el país, el cual evidencia que en Colombia hacen falta autoridades preparadas para prevenir y combatir estos delitos. (Vea aquí el relato en video de este caso compartido por un testigo a través de las redes sociales).

El feminicidio de Claudia Johanna Rodríguez es de los pocos que ha llegado a viralizarse en los medios de comunicación y redes sociales, por sus características relevantes hacia lo público, pero son miles las historias que se quedan sin voz.

Tiremos la red con seriedad

No podemos pasar por alto tantas realidades y acontecimientos trágicos, hacernos los desentendidos o, en el peor de los casos, argumentar como nuestro célebre Presidente de la República “Me acabo de enterar”, pues el estar supuestamente desinformados no nos exime de la responsabilidad y consecuencias de tal ignorancia. Si bien las redes sociales, las nuevas pantallas y la Internet, nos permiten una constante actualización de lo que está pasando, hasta el punto de participar en eventos y transmisiones en vivo desde nuestros hogares en la comodidad de un sofá, somos nosotros los usuarios quienes debemos demandar en nuestra búsqueda, una agenda que incluya temas críticos de interés colectivo más allá de los que logran ser tendencia.

Debemos ir más allá de la indignación circunstancial y efímera. Si bien es cierto todas las muertes son dolorosas, sean de nuestros compatriotas o de ciudadanos de los más lejanos continentes, no podemos limitarnos al lamento, mucho menos a entrar en discusión sobre un tema del cual a duras penas conocemos el titular de un diario web o de un noticiero, así solo conseguimos reproducir opiniones vacías, quizás sin darnos cuenta y de forma ingenua.

Y a la hora de la verdad no estamos generando cambio ni en nuestra realidad más próxima. Más allá de las palabras, deberíamos buscar formas de intervenir de manera concreta en escenarios de participación ciudadana o, al menos, conocer y ahondar en los temas sobre los cuales opinamos para poder sentar una posición clara y argumentada.

No nos sumemos a la masa de transeúntes ignorantes de la web, si vamos a seguir alguna moda en las redes sociales, que sea la de compartir información verificada y productiva, para no caer en la red de estas redes.

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