La televisión es un medio poderoso, con su pantalla construye relatos sobre las cuestiones importantes de la vida, configurándose en un espacio que cuenta, para bien o para mal, a cada sociedad. Pero hay relatos que se hacen comunes a todos. Que traspasan las fronteras. En este tiempo, cuando el espíritu de la tele parece estar viajando a otros espacios ―Internet y los celulares son ejemplo de ello―, esos relatos que ayudan a configurar la narración sobre quiénes somos como humanos, cobran mayor poder.

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Britney Spears Work Bitch 2

Cuando empezaron los videoclips musicales, se trataba sólo de imágenes que acompañaban una canción y se transmitían en canales de TV. Con el paso del tiempo, los videoclips fueron adquiriendo mayor complejidad. Con la llegada de directores de cine, publicistas y directores de televisión, el video musical tuvo su propia narrativa, su manera de contar. El video tendió una red que terminó por cruzar la industria de la música, con el poder de la televisión, el alcance del Internet, la formación de públicos y el mercado mismo.

Así, lo que narran los videoclips se vuelve un asunto a problematizar, sobre todo, cuando el videoclip sale de la TV para viajar por la red. Además, como lo señala Lirians Gordillo Piña, “el clip ha sido capaz de transgredir las reglas más tradicionales y constituirse en un lenguaje independiente a partir de la incorporación de los códigos más variados —entre ellos las artes plásticas, la literatura, el cine, la televisión, la fotografía, la publicidad, la moda, el animado y otros—, fuentes a las que ha sido capaz de retroalimentar” (i).

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Todos conocimos a la Britney Spears de “Baby, one more time”. Todos, a través de ella, experimentamos lo que era crecer con el lente de las cámaras siguiéndote. Creímos que hacíamos de ella una celebridad. Pero en ese mundo de cámaras y entrevistas, la vida de la llamada “princesita del pop” empezó a temblar. Y, como era de esperarse, los medios no perdieron tiempo. Aquella Britney de fotos brillantes, con el abdomen que todas las niñas deseaban tener, virginal, tierna, pasó a ser una mujer en crisis, una mujer que se buscaba a sí misma.

Britney Spears Work Bitch 6

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Luego de la crisis, Britney volvió, pero las canciones en las que hablaba del amor juvenil quedaron atrás, ahora ella intenta cantarles a esas mujeres que crecieron escuchándola y que desean otras cosas. En 2013, la cantante lanzó “Work, Bitch” con un vídeo en alta definición y excelente producción. La canción, con una letra aparentemente tonta, alude a nuestro lado más frívolo. Pero es justo ahí, en esa apariencia, donde reside el mayor problema. Por eso, vale la pena analizarlo con cuidado, pues, como dicen Gutiérrez, Torres & forsbach (2012) al advertirnos sobre los peligros de la televisión [y los productos audiovisuales]: “(…) ésta no tanto distrae en cuanto que construye permanentemente un mundo de apariencia tan inocente, neutra y natural como el real, pero ideológicamente muy activo, en el que se nos instala y en el que, aún más, se forja el órgano mismo de nuestra percepción de la realidad”(ii) (p.39). Y el videoclip no está exento de esto.

Lo que hay detrás de la narrativa de cada clip, es una ideología imperante. Una ideología que habla acerca de cómo debemos asumir la vida. Así, en pleno 2013, luego de tantas luchas por de-construir la imagen de una mujer accesorio, por proponer otras formas de ser mujer, Britney y toda la industria que ella representa, le cantaban a una mujer que vive por el lujo y que está dispuesta a todo por alcanzarlo. Siendo el cuerpo, el de Britney y el de las demás mujeres del vídeo, la pieza central de la narración.

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La “princesita del pop” es ahora la Bad Bitch, la perra más perra, pero no resignificando el término, sino, usándolo para referirse a una mujer que es capaz de superar a las otras, que tiene lo que las demás desean, y eso incluye ser deseada por los hombres. En un momento del video, aparece una mujer con un speaker en la boca, caminando en cuatro, y Britney presiona el botón para que la música suene. ¿Qué clase de mujer es aquella? ¿A qué representación están recurriendo? ¿Qué diferencia a la mujer-speaker de la mujer-perra que es Britney? En otro momento nuestra celebridad está sobre una pirámide, llevando las riendas que terminan en un grupo de mujeres que caminan sobre sus cuatro extremidades, igual que animales.

En aquel mundo de lujos excesivos y excéntricos, todo raya con el absurdo. Tanto así, que la Spears posa y baila en medio de una piscina, rodeada por tres tiburones. Así, estas mujeres en trajes de goma, pierden cualquier posibilidad de humanización, cuando el único fin que se les asigna es el de ser la sombra de una estrella que busca tocar, una vez más, el éxito. Y en ese sentido, lo que hay detrás de aquellas imágenes es una reflexión sobre la mujer y su papel en la sociedad. Barker (2003) habla sobre esto cuando dice que “(…) la televisión proporciona a las audiencias los recursos necesarios para debatir y regular qué significa ser hombre o ser mujer”(iii) (p. 157). Entonces, ¿qué recursos para rastrear lo que significa ser mujer nos deja Work, Bitch?

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Lo anterior, no es más que un proceso de cita constante que legitima la visión de una mujer plastificada, reducida al deseo por el lujo, la belleza y la vanidad; en el que la animalización es parte del show central. El cuerpo animalizado, exótizado, erotizado, construye una idea de la mujer que no queda solo en el 2013, sino que se actualiza. Porque el texto del videoclip es un texto abierto. Pero sobre todo, esta narrativa es la que el mercado exige, la que genera ganancias. No podemos olvidar que el videoclip es un producto cultural pero también es un producto del mercado que busca popularizar al cantante.

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Y esta popularidad se mide de distintas manera. Por las veces que un vídeo aparece en un canal de música, por el lugar que ocupada en los conteos radiales, por las reproducciones en youtube. Work, Bitch lleva 215.625.199 reproducciones, imaginemos, entonces, cuántas personas están representadas en esa cifra. Y, por ende, cómo ha viajado este mensaje aparentemente inofensivo. Pero así mismo, cuánto dinero en ganancias representa.

La pregunta sigue siendo la misma: ¿a qué mujer le canta Britney? ¿Qué construye un videoclip como este? ¿Es esa la nueva visión de la mujer? Aun así, algunos piensan que las luchas deberían quedar de lado, desconociendo el poder detrás de los mensajes, de las narraciones. Desconociendo que la formación crítica frente a lo que los medios nos ofrecen es un reglón pendiente. Olvidando que muchos suelen pensar que la televisión, la radio, la prensa, la red e incluso los videoclips son inofensivos. O que en el peor de los casos, le reclaman educación, cuando la educación debe estar en otros lugares.

(i) Gordillo, L. Género y video clip, más allá de la pantalla. Primera parte. EnVivo; Revista cubana de Radio y Televisión Web: http://www.envivo.icrt.cu/index.php?option=com_content&view=article&id=119%3Agenero-y-video-clip-mas-alla-de-la-pantalla&catid=24&Itemid=124
(ii) Gutiérrez, Torres & forsbach (2012). Hannah Montana como modelo aspiracional de valores y consumo para niñas mexicanas: un análisis cualitativo en el noreste de México. Razón y Palabra Número 78 Noviembre 2011 – Enero 2012. Online: http://www.razonypalabra.org.mx/N/N78/07_GutierrezTorresForsbach_M78.pdf
(iii) Baker, C. (2003) Televisión, globalización e identidades culturales, Paidos Comunicación, pág.143, 199. Y Moi. T, Sexul/Textual Politics: Femenis literary theory, Londres y Nueva York, Routhland.
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