El pasado 16 de septiembre el dúo Disclosure se presentó en Bogotá. Les compartimos esta reseña del concierto, que además sirve para reflexionar acerca del estado de la música pop y de la movida de los conciertos en Colombia.

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Uno / Bienvenida nivel popstars

Puede que los Disclosure se hayan presentado en cuanto festival alrededor del mundo, sin embargo, me atrevo a asegurar que nunca antes un público los había saludado con tanta emoción. Aquí en Bogotá, los hermanos Howard y Guy Lawrence confirmaron su estatus de estrellas del pop. La ciudad los recibió con boletería sold out y una ovación de bienvenida que, el pasado viernes a las once un punto de la noche, casi deja sin techo a la Carpa de eventos de Corferias. Desde que salieron a escena, los Disclosure no disimularon su asombro ante tal acogida, de lo cual dejaron constancia en su cuenta de Instagram, con estas palabras: “Bogotá, Colombia… WOW!!! Nuestro primer show en este asombroso país y han sido honestamente uno de los mejores públicos para los que hemos tocado. Muchas gracias por asistir en un número tan enorme. Realmente significa el mundo para nosotros”.

Dos / Colombia, potencia toureable del mundo

Hace poco, un artículo en Vice decía que con tantos artistas grandes o de moda visitando nuestro país, ya nada sorprendía en materia de conciertos. Comparto parcialmente esa idea. Sí, ya no es como antes, que rogábamos para que nos incluyeran en las giras y muchos músicos simplemente se negaban a venir o el país no contaba con la logística, la seguridad o la economía necesaria. Sin embargo, por más que vengan, no deja de haber sorpresa y agradecimiento por parte del público. Eso se notó el viernes durante la presentación de Disclosure. El público se sentía en un concierto importante, nada de nostalgia por una banda que fue famosa hace 20 años o más. El de Disclosure era el concierto de unos artistas vigentes, en el tope de su carrera, llegados a Colombia para confirmar algo que ya veníamos sospechando: por fin hacemos parte de las potencias toureables del mundo. Un logro reciente que aún asombra y que es digno de celebrar.

Tres / Dance, dance Bogotá

Nos costó trabajo entrar al circuito de las giras más importantes, pero finalmente lo logramos, finalmente los artistas nos saludan, como lo hiciera Disclosure, diciendo que han venido para un primer show. Ya no se trata de presentaciones excepcionales, venir y volver a Colombia, para cualquier acto musical, es ya una obligación. Bogotá se ha convertido en una de las mejores plazas para conciertos del mundo. Ese es un gossip que los artistas que ya nos han visitado se han encargado de esparcir. Banda que prueba la energía del público bogotano queda con ganas de más. Que lo digan Metallica, Aerosmith, Red hot chili peppers o Iron Maiden. Si algo sabe hacer Bogotá es bailar, saltar, electrizar cada concierto con una energía que los artistas reconocen como distinta y especial con relación a otras audiencias del mundo. Bogotá baila cada vez mejor porque sus habitantes son el resumen de un país para el que bailar es fundamental y en Bogotá vive gente de toda Colombia.

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Cuatro / Electrónica para corear

En la canción Jaded lo noté, nunca hubo en la historia tantos humanos haciendo música electrónica. Cada mes surge un nuevo DJ superstar cuyas presentaciones convocan hoy más que, digamos, una banda de rock. El caso de los hermanos Lawrence es especial puesto que desvirtúan ese one man show que suele ser el acto de un DJ. Disclosure, además de ser dos, cantan en vivo, tocan instrumentos de percusión o cuerda y además invitan a más humanos a cantar con ellos en el escenario (Brendan Reilly en Moving Mountains aquel viernes, inolvidable). Disclosure es el punto más alto de humanidad al que ha llegado la música electrónica, no sólo porque en tarima hay más humanos que máquinas interpretando,  también porque sus canciones acuden a coros con letras pegajosas y repetitivas que calan en la mente de las personas, lo que automáticamente les convierte en un acto de pop. Ese es el encanto de Disclosure. El del viernes fue el primer concierto de electrónica al que voy en el que la gente canta completas las letras de tantas canciones. Es decir, lo usual en la escena electrónica es ir solamente a bailar. Por ahí medio reconocer y balbucear una que otra frase. Pero esta vez la gente cantó casi tanto como bailó.

Cinco/ Disclosure makes the people come together

Ya lo había dicho Madonna, “la música hace que la gente se junte”. Eso es lo que ha logrado Disclosure con su apuesta por un house vocal, unir en un solo público a los más electrónicos y a los más poperos. Un crossover que además de musical, también es generacional. El viernes había en la Carpa Corferias público de todas las edades, razas y orientaciones sexuales. Nunca vi tantos gays, tantas mujeres solas o tantos menores de edad junto a tantos adultos de mediana edad en un mismo concierto en Bogotá. Esa diversidad en la audiencia indica que Disclosure es una banda transversal y que su música sirve de banda sonora para esta generación. La nuestra es la generación que ha abarcado a más personas en la historia, de ella hacen parte, por igual, viejos, jóvenes, gente convencional y excéntrica. Nunca antes hubo una generación tan diversa en idiosincrasias y a la vez tan capaz de compartir muchos gustos, uno de ellos, confirmado el viernes, la música de Disclosure.

Seis / Unidad en la diversidad

Particularmente en Colombia, es la primera vez en la historia que los homosexuales tienen tan poco miedo de salir a la calle y demostrarse afecto en lugares públicos. Es la primera vez en la historia del país en que tantas mujeres tienen la posibilidad de comprar con su propia plata una boleta para ir a un concierto y gozárselo solas, bailar solas, no para que las conquisten, sino para celebrar este punto tan alto de poder y libertad al que han llegado. Es la primera vez en la historia de Colombia en la que personas de edades tan dispares convergen alrededor de la misma música. Desde la chica que en la entrada le dijo al portero que no tenía cédula porque acababa de cumplir los 18 el día anterior, hasta la pareja de cincuenta años que se gozó a una banda tan actual como Disclosure, como lo harían con sus clásicos musicales más amados. Ese país diverso, ese país que poco a poco ha aprendido a convivir y a compartir, es el país que bailó el viernes con canciones como White noise o Bang that.

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Siete / Canción destacada

Hablando de lo que oímos el viernes, tengo que destacar Magnets. Ese tema es lo más tropical house a lo que se ha atrevido Disclosure y es, creo yo, el punto más alto y elaborado al que ha llegado ese subgénero a la fecha. Si usted que me lee estuvo en la Carpa Corferias, sabe de lo que hablo. Magnets tiene la cadencia del dancehall yuxtapuesta a la gélida voz de la neozelandesa Lorde. Quizá Lorde les pidió a los Disclosure que la pusieran a cantar sobre algo que le permitiera bailar en serio, a ver si además de sus particulares movimientos de pez fuera del agua, aprendía a mover bien el esqueleto, como lo movimos todos aquel viernes, respondiendo a una de las pocas preguntas que entendimos del inglés de los Disclosure: “Bogotá, ¿has venido a bailar?”

 

Ocho / La silueta de Sam Smith

Como ya dije, en Disclosure hay voz e instrumentos en vivo, pero también hay voces pregrabadas de grandes estrellas pop liderando las canciones más esperadas de la noche, tipo The Weekend en Nocturnal o Sam Smith en Omen. Aunque esté de moda, todavía es raro emocionarse a tan alto nivel con una canción electrónica en la que voz y música tienen la misma importancia, una rareza en la que radica el encanto de Disclosure. A veces uno desearía que todos los vocalistas que aparecen en sus álbumes fueran parte de la banda y de las giras, para tener el placer de escucharlos en vivo. El viernes tuvimos que conformarnos con ver la silueta de Sam Smith, dibujada en las pantallas con luces de neón y escucharlo pregrabado. Igual fue algo potente. Sam Smith es la voz pop de esta generación y no exagero. Sólo hasta ahora se hace posible un éxito mainstream como el suyo, para una persona abiertamente gay. En los 90 no fue posible, los artistas gays estaban obligados al closet y si salían, se les venía la carrera abajo, miren lo que pasó con Ricky Martin. La puesta en el mapa de Sam Smith fue gracias al dueto con Disclosure y viceversa. Cuando salió Lacht, mucha gente pensó que se trataba de un solista. Lacht disparó la carrera de Sam, al punto que el man ya hasta se ganó un Oscar. La voz de Sam sirvió para que mucha gente ajena a la escena electrónica se fijara en Disclosure, lo que hoy les permite ser un acto techno capaz de agotar por sí solos la boletería para un concierto de gran escala en Bogotá.

Nueve / La segunda venida

El punto más alto de la noche fue, por supuesto, el cierre con Lacht, que es, de nuevo sin exagerar, la canción de esta década. Lacht disparó el nuevo movimiento de electrónica vocal que ha desplazado en las listas y en las pistas al pop, precisamente porque se ha convertido en el nuevo pop y eso es algo atribuible en gran parte al éxito de Settle, el primer álbum de Disclosure. Por eso nunca estuve de acuerdo con las críticas que recibió Caracal, el segundo disco del dúo. Se decía que abusaban del pop que ellos mismos habían ayudado a inventar y popularizar. Al escuchar y bailar en vivo el set de Disclosure, se les agradece que en Caracal siguieran explorando ese house vocal que los hizo famosos y que el viernes convocó a miles de personas para cantar a grito herido: “Now I’ve got you in my space/I won’t let go of you”. Y aunque la canción dice, ahora que te tengo, no te voy a dejar, los hermanos Lawrence, después de esa apoteosis que fue Lacht, se despidieron dejándonos apenas hora y veinte minutos de rumba. Pero bueno, aunque haya sido corta, sabemos que, como ellos lo dijeron al principio de la presentación, esta fue solo su primera vez en Colombia. No pasarán más de dos años para que Disclosure vuelva a Bogotá. Aquí esperamos desde ya su segunda venida, para bailar a todo esqueleto y cantar a todo pulmón los nuevos himnos que nos traigan.

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